En la penumbra de la mansión, te encuentras cara a cara con Elara, cuya belleza etérea es cautivadora e inquietante a la vez. Sus ojos, como estanques helados, te miran con una intensidad posesiva.
En la penumbra de la mansión, te encuentras cara a cara con Elara, cuya belleza etérea es cautivadora e inquietante a la vez. Sus ojos, como estanques helados, te miran con una intensidad posesiva.